Día 4: Museos, Candem y Hyde Park

Nos despertamos y salimos hacia la estación Victoria. Compramos una Travelcard para este día y nos fuimos directamente hasta la estación de Baker St. Allí está el famoso museo de cera Madame Tusseauds. Vimos que no había demasiada cola para entrar y nos fuimos a desayunar a un Nero Café, en concreto al Nero por el que se sale del museo, aunque esto no lo sabíamos entonces.

Después de haber desayunado unos buenos cafés y unos muffins buenísimos, nos acercamos a la entrada y enseñamos los tickets que habíamos comprado previamente conjuntos con la London Eye.

En este museo te puedes tirar bastante rato, más que nada porque hay muchísima gente y si te quieres hacer fotos con muchas estatuas tienes que esperar la respectiva cola. Es un pelín agobiante, aunque seguro que también tenía que ver que era justo final de Semana Santa y aquello estaba hasta los topes. Hay estatuas de muchos cantantes, actores, músicos, políticos, deportistas, etc. Está la familia real inglesa, y tienen también el despacho de la Casa Blanca, para que seas el presidente estadounidense por unos segundos. Además, como punto positivo tienen un pasaje del terror con actores, pero no os preocupéis, porque lo avisan y podéis saltároslo si no os gustan ese tipo de experiencias.

Cuando salimos del museo, siendo media mañana, la cola para comprar las entradas era larguísima, calculamos que sería de unas 2 horas o así. A esta se añadía la cola para entrar al museo en sí, tened en cuenta que no es la misma. Conclusión: mejor ir con tiempo y a primera hora de la mañana. En nuestra opinión el sitio no está mal pero no repetiríamos, había demasiada multitud y puede ser agobiante en ocasiones.

Una vez visto el museo, cogimos el metro y nos fuimos a Candem Town. Teníamos muchas ganas de ver este mercado. Evidentemente, había muchísimos puestos y no podíamos ver todo lo que quisiéramos, pero el ratito que pasamos fue uno de los más agradables del viaje. Hay mucha diversidad en esta zona y resulta fascinante. No tiene pérdida llegar a él porque tiene una parada de metro con su nombre en la línea Northern (negra).

Comimos por la zona en uno de los puestos callejeros y nos volvimos al metro para ir a visitar el Museo Británico. Después de algún trasbordo llegamos a la parada de Russel Square y nos encaminamos a este gran edificio.

El Museo es muy grande, así que teníamos que decidir ver solo una de las zonas y nos decantamos por la más famosa, la del Antiguo Egipto. Y, por supuesto, la parte más impactante de esta galería son las momias. Recientemente hemos visto las momias en el museo de El Cairo, y tenemos que decir que nos gustó más este último, por lo auténtico, que el de Londres. Aun así, la colección del Museo Británico es grande, ya se sabe que, con la excusa de la conservación de las piezas, los museos occidentales se acabaron llevando un montón de material de civilizaciones como la egipcia, en este caso o, por ejemplo, la griega.

Después de ver el museo y antes de que oscureciera nos dirigimos hacia Oxford St., puesto que queríamos adentrarnos en el gran Hyde Park. Qué decir de este parque. Nos pareció fascinante, en pleno centro de la ciudad, con el Serpentine (que es el lago que se encuentra en el centro del parque), Rotten Row… no nos dio tiempo a ver, por ejemplo, la estatua de Peter Pan u otros lugares que llevábamos apuntados, pero fue un paseo muy tranquilo y bonito. Además, teníamos que dejar cosas para ver en futuros viajes.

Entramos por la puerta norte, donde están Marble Arch y the Speakers’ corner y andamos hacia el Serpentine. Después bajamos hasta Rotten Row y salimos del parque por la puerta del sur, the Hyde Park Corner, donde se encuentra el arco de Wellington.

Rotten Row era una calle que unía el palacio de St. James y el de Kensington y, bajo el mandato de Guillermo III, fue la primera calle del mundo en ser iluminada. Fue utilizada en época de la Regencia para que las personas de clase alta montaran a caballo y hoy se mantiene como un camino de tierra que se sigue usando con este fin. Por otro lado, the Speakers’ corner es un lugar donde cualquier ciudadano/a puede hacer un discurso sobre cualquier cosa que no vaya contra la ley.

Aprovechando que no estábamos muy lejos, nos acercamos a Harrods, queríamos ver cómo eran los famosos grandes almacenes londinenses. Entramos, pero no es que fuéramos a comprar nada así que después de dar una vuelta y haber satisfecho nuestra curiosidad volvimos de nuevo hasta el arco de Wellington.

A Irene le encanta la novela romántica histórica y le hacía especial ilusión dar una vuelta por el barrio de Mayfair, donde tenían sus caserones los duques, condes, marqueses y demás. Ya estaba bastante oscuro y no es que nos quedáramos mucho rato. Aun así, vimos algunas plazas, la embajada americana en la famosa Grosvenor Square e, incluso, encontramos la casa de Beau Brummel. Es muy curioso ir leyendo las placas azules que hay en las fachadas, puesto que te ofrecen información sobre personajes relevantes que habitaron dicha vivienda.

Decidimos andar hasta Victoria Station, donde compramos algo para cenar y dimos una vuelta. Pero el pateo de todo el día había hecho mella en nosotros y decidimos irnos al hotel. Al día siguiente queríamos levantarnos temprano y sabíamos que el cansancio acumulado nos iba a pasar factura si nos íbamos demasiado tarde.

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